Saltar al contenido

Todos los artículos

Para creadores

Cómo poner precio a una colaboración sin quedarte corto

6 min de lectura

Hay una pregunta que llega en el primer correo de casi cualquier marca: “¿cuál es tu tarifa?”. Y hay una respuesta que te deja mal parado en las dos direcciones posibles: dices un número bajo y trabajas gratis, o dices uno alto sin poder explicarlo y la conversación se termina ahí.

El problema no es el número. Es que casi nadie sabe qué está cobrando.

Lo que en realidad vendes son cuatro cosas

Cuando una marca te paga una colaboración no compra “un post”. Compra cuatro cosas distintas que se pueden separar, y que casi siempre van juntas en un precio único sin que nadie las mire por separado.

Uno: la producción. Grabar, editar, escribir, repetir la toma porque entró luz. Es trabajo con horas medibles. Un carrusel de fotos y un reel con guion no cuestan lo mismo, aunque los dos sean “un post”.

Dos: la distribución. Tu comunidad. Es lo único que la mayoría cotiza, normalmente mirando el número de seguidores, que es el peor indicador disponible. Lo que se paga es que alguien vea el contenido y reaccione, no que exista una cifra en tu perfil.

Tres: los derechos de uso. Que la marca pueda quedarse con tu contenido y usarlo fuera de tu cuenta: en su feed, en su web, en anuncios pagados. Esto es lo que más se regala y lo que más vale. Un vídeo tuyo pautado durante seis meses en Meta Ads le rinde a la marca mucho más que la publicación original, y suele ir incluido “porque sí”.

Cuatro: la exclusividad. Que durante un tiempo no trabajes con la competencia. Es una restricción a tu negocio y por lo tanto un coste tuyo: si dices que sí, se cobra aparte y con una duración escrita.

Cómo se convierte en un número

No hay una fórmula universal, y desconfía de quien te la venda. Pero hay un orden que funciona:

  1. Empieza por tu suelo. Cuánto necesitas para que la pieza sea rentable contando tus horas reales de producción. Ese número no se negocia hacia abajo; si no llega, se reduce el entregable.
  2. Suma la distribución según la interacción real de tu cuenta, no según los seguidores. Si publicas dos formatos con rendimiento muy distinto, cotízalos distinto.
  3. Añade un porcentaje por los derechos de uso, en función del plazo y de los canales. Sin plazo definido no hay precio posible: “para siempre y en todas partes” es una compra de contenido, no una colaboración.
  4. Añade la exclusividad si la piden, acotada por categoría y por tiempo.
  5. Redondea hacia arriba y déjalo por escrito.

Qué contestar cuando te preguntan la tarifa antes de contarte nada

Nada, todavía. Es completamente razonable responder con dos preguntas antes de dar un número:

¿Qué entregables tienen en mente y para qué fechas? ¿Van a usar el contenido fuera de mi cuenta? Si es así, ¿en qué canales y por cuánto tiempo?

Con eso ya puedes cotizar. Sin eso, cualquier número que digas está mal: o dejaste fuera los derechos de uso, o cotizaste una campaña de tres meses como si fuera una historia.

Tres errores que salen caros

Cotizar por seguidor. Es cómodo y es una mala medida. Una cuenta de veinte mil personas que responden vende más que una de doscientas mil que pasan de largo, y las marcas que llevan tiempo en esto ya lo saben.

Regalar los derechos de uso. Si el contenido va a acabar en un anuncio, es una segunda venta. Que esté en el acuerdo.

Aceptar “te pagamos en producto”. Puede tener sentido si el producto es caro y de verdad lo ibas a comprar. Deja de tenerlo cuando cubre menos que tus horas de producción, o cuando llega en vez de un pago que ya estaba hablado.

Lo que pasa cuando trabajas dentro de una red

Esto es justo lo que Venture180 se lleva de tu plato. Las condiciones de cada campaña —entregables, fechas, derechos de uso, exclusividad y pago— se negocian y se dejan por escrito antes de que grabes nada, y puedes decir que no sin que eso te saque de la red.

Pero incluso ahí conviene que sepas leer la propuesta. Un creador que entiende qué está vendiendo negocia mejor, aunque no le toque negociar.