La mayoría de los problemas entre creadores y marcas no vienen de mala fe. Vienen de que nadie leyó con atención un documento de dos páginas, y tres meses después las dos partes recuerdan cosas distintas.
Estas son las seis cláusulas donde se juega casi todo. No necesitas un abogado para revisarlas; necesitas saber que existen.
1. Entregables: qué, cuántos y dónde
“Contenido para redes” no es un entregable. Un entregable es un reel de entre 20 y 40 segundos publicado en tu cuenta de Instagram, más dos historias con enlace, entre el 3 y el 10 de octubre.
Si el documento no lo dice con ese nivel de detalle, lo va a decir alguien por WhatsApp la semana de la publicación, y probablemente será más de lo que creías.
Fíjate también en cuántas rondas de revisión incluye. “Sujeto a aprobación de la marca” sin límite de rondas significa que puedes estar grabando la misma pieza cuatro veces por el mismo dinero.
2. Derechos de uso: dónde acaba tu contenido
La cláusula que más dinero mueve y la que menos se lee.
Hay tres preguntas que deben tener respuesta escrita:
- ¿Dónde puede usarlo la marca? ¿Solo repostearlo en su cuenta, o también en su web, en su tienda, en anuncios pagados?
- ¿Por cuánto tiempo? Un plazo. “A perpetuidad” es una compra de contenido y se cobra como tal.
- ¿Puede modificarlo? Recortar tu vídeo para un anuncio de seis segundos cambia lo que dijiste.
Si el contrato dice algo parecido a “licencia mundial, perpetua, irrevocable y transferible” sin que el precio lo refleje, ahí hay una conversación pendiente.
3. Exclusividad: a qué renuncias y por cuánto
Una cláusula de exclusividad razonable tiene tres límites: categoría (no “marcas de consumo”, sino “suplementos de colágeno”), plazo (semanas o meses, con fecha de fin) y compensación (se paga aparte).
Una que no tenga los tres es una restricción abierta a tu negocio. Y ojo con la que empieza antes de la campaña: si te piden no publicar nada de la categoría durante el mes previo, eso también es exclusividad.
4. Pago: cuánto, cuándo y contra qué
Tres datos: el importe, el plazo y qué dispara el pago.
Lo tercero es lo que se olvida. ¿Se paga al publicar, al aprobar, o a los treinta días de la factura? ¿Hace falta que entregues métricas antes de cobrar? ¿Quién paga la retención si la hay?
Si el pago va contra “resultados” —vistas, clics, ventas— pide que estén definidos, que sean medibles por ti y que haya un mínimo garantizado. Trabajar entero a comisión es aceptar el riesgo comercial de otra empresa gratis.
5. Qué pasa si algo se cae
Las campañas se cancelan: cambia el lanzamiento, se acaba el stock, la marca reorganiza el trimestre.
Busca la cláusula de cancelación. Lo razonable es que, si ya produjiste, se pague la producción; y que si la cancelación llega con la pieza publicada, se pague completo. Si no dice nada, lo normal es que no cobres.
Y al revés: mira qué pasa si el que no puede cumplir eres tú. Un plazo para avisar y una fecha alternativa evitan que un problema personal se convierta en un incumplimiento.
6. Declaración de contenido pagado
En Estados Unidos, la FTC exige que una colaboración pagada se identifique como tal, de forma clara y en un sitio donde se vea sin desplegar el texto. No es opcional, y la responsabilidad es tuya además de ser de la marca.
Cualquier contrato que te pida no marcarlo, o que lo entierre en el cuarto hashtag, te está pidiendo asumir un riesgo que no te compensa. Y el público lo detecta igual: el contenido que se declara pagado rinde perfectamente cuando la recomendación es sincera.
La versión corta
Antes de firmar, comprueba que el documento responde a estas seis preguntas sin que tengas que preguntar por WhatsApp: qué entrego, dónde acaba, a qué renuncio, cuándo cobro, qué pasa si se cae y cómo se declara.
Si las seis están claras, el resto casi siempre se arregla hablando.
Esto es información general, no asesoría legal. Para un contrato concreto y con dinero de por medio, que lo mire un abogado.